miércoles, 19 de agosto de 2020

LOS OJOS DE UN SUEÑO

No fue una noche como las demás. llevaba casi dos meses viviendo en aquella casa y, aunque los vecinos me avisaron de que en ella ocurrían cosas extrañas, yo no les hacía caso, pues no estaba dispuesta a renunciar a mi herencia a causa de las supersticiones de los vecinos y, de hecho , desde que vivía allí, no había ocurrido nada extraño ni que demostrase que la casa estuviese "encantada" como alguno de ellos me había dejado entrever, pero aquella noche fue diferente.
Como todos los días, llegué a casa tras una  jornada de trabajo que había sido especialmente dura. Cansada, decidí acostarme temprano. Así lo hice y enseguida caí en un sueño profundo que yo pensaba seria reparador, pero no fue así.
A media noche, algo me despertó y me senté en la cama sobresaltada. Entre sueños, había oído un ruido extraño y tan fuerte que había conseguido despertarme y que no pude identificar. No era un ruido propio de una casa como aquella, vieja y algo apartada, sino otra cosa, era un ruido fuerte, salvaje como de alguien o algo que quisiera salir de un lugar oculto y que no pudiera hacerlo. Deseché la idea y me dispuse a dormir de nuevo.
Abrí los ojos y sentí que no estaba sola. Me senté en la cama y miré hacia el sillón que había bajo mi ventana. allí, iluminado por la escasa luz que entraba a través de la ventana, pude ver la silueta de alguien a quien no podía distinguir con claridad.
Parpadeé para aclarar mi visión pero fue inútil, la imagen seguía estando tan difusa como antes. No podía distinguir quien estaba junto a mi ventana, ni siquiera si era hombre o mujer, pero algo me decía que aquello no era un ser real o, al menos, ya no, que ahora solo era una sombra de lo que fue. entonces aquella sombra pareció moverse y dirigió su mirada hacia mi. Un sudor frió corrió por mi espalda y me quedé paralizada por el temor; aquella figura me miraba, me miraba con unos ojos brillantes y fieros de una mirada tan intensa que parecía traspasarme y mirar dentro de mi, descubrir todos mis secretos más ocultos y de una nitidez que contrastaba con la imagen difusa que reflejaba el resto de su cuerpo. Grité asustada y me refugié bajo las sábanas.
A la mañana siguiente desperté exhausta. Recordé la pesadilla que había tenido la noche anterior y no le di más importancia.
Me deslicé fuera de la cama, me vestí, desayuné algo ligero y me dirigí al trabajo. Pasó la mañana sin  volver a recordar aquella extraña pesadilla.
Sonó el teléfono. era Sara que me proponía que almorzáramos juntas y, como siempre, comenzó a contarme algunos cotilleo y otras cosas sin importancia. Yo la escuchaba como siempre, sin poner mucha atención mientras que, distraída, hacía garabatos sobre un papel. Cuando terminamos la conversación y colgué el teléfono, volví a mi tarea y fijé la vista sobre mi escritorio, entonces la sangre se me heló. Allí, en el papel que había garabateado mientras hablaba, había dibujado aquellos ojos extraños, que me miraban desde el sillón de mi cuarto la noche anterior.

Mari Carmen Fernández González                     19 - 8 - 2020



miércoles, 29 de julio de 2020

EL KIMONO ROJO

Li Ying estaba radiante. Se acercaba el día de su boda . Ya solo faltaba un mes para que este acontecimiento llegase, y ella no podría estar más feliz.
Sintió como se abría la puerta de su cuarto y en el umbral  apareció su madre con algo en sus manos. Era una caja de cedro con incrustraciones de nácar, de un tamaño mediano. La depositó en el suelo y le dijo que la abriese. Li ying así lo hizo y dentro encontró algo que le sorprendió muchísimo; era un fardo de seda roja que, al desplegarlo, se convirtió en un maravilloso kimono,  de una calidad y exquisitez maravillosa.
- Esta es nuestra reliquia familiar más valiosa y preciada - le dijo su madre - Con este kimono han contraído matrimonio todas las mujeres de nuestra familia, pasando de una a otra a través de generaciones. Ahora te toca a ti llevarlo.
Li Yung no supo que decir. Estaba muy sorprendida, pues hasta ahora no había tenido noticia de la existencia de aquel kimono, ni siquiera de la tradición familiar a la que estaba ligado.
Su madre recogió el kimono de las manos de Li Ying  y lo devolvió, cuidadosamente doblado, a su caja.
Fueron pasando los días y Li Ying solo pensaba en la ceremonia de su boda. Se imaginaba toda la aldea engalanada, como ocurría cada vez que se celebraba un acontecimiento de esa índole, a sus amigos, parientes y vecinos acompañándola y, sobre todo, a su prometido junto a ella, ataviada con su flamante kimono de seda roja. Pero este sueño duró poco. Varios jinetes llegaron a la aldea. Eran king Yu junto a sus hombres. Habían llegado como siempre para robar y saquear todo lo que encontraran a su paso, sobre todo en aquellas aldeas donde sabían que solo encontrarían aldeanos poco versados en el arte de la guerra,  que no opondrían resistencia alguna y donde les seria fácil el pillaje y el saqueo. Llegaron arrasando con todo y llevándose todo lo que creían que tenía algún valor además de víveres, sin ningún respeto por los aldeanos que allí vivían.  
Entraron en sus casas, destrozaron lo que consideraban de poco valor, buscando tesoros que nunca encontraban, ya que aquellos aldeanos eran agricultores pobres.
Kin Yu entró en la casa de la familia Li y encontró pocas cosas de valor . Frustrado, se dirigió al fondo de la casa y abrió la puerta de lo que parecía el aposento privado de uno de sus miembros . No había nada de especial valor excepto una caja de madera noble ricamente tallada y con incrustaciones 
de nácar. Esto llamó su atención. Se acercó a ella y paseó sus dedos suavemente por su tapa y la abrió.
Lo que encontró en ella lo dejo maravillado. Dentro había un kimono de seda roja. 
El tejido era suave al tacto y de una calidad superior. Además, estaba adornado con una serie de bordados de una exquisitez absoluta. Dándose cuenta de que había encontrado un tesoro de gran valor, lo devolvió a la caja con gran cuidado.
Li Yung y su madre vieron con horror como King Yu salía de la habitación con la caja de cedro bajo el brazo y que, con una mirada de desprecio y superioridad, se marchaba, llevando con él el kimono.
Ambas miraron al suelo y cayeron de rodillas llorando mientras el bandido montaba en su caballo y se marchaba con su preciada reliquia sobre su grupa.
Li Ying estaba desilusionada y triste. Su madre había caído en un estado de desesperación y tristeza enorme, tras la pérdida de aquel kimono. Pensaba que debía de haberlo cuidado y defendido con su vida, si hubiese sido necesario y aunque sabía que con ello solo hubiera conseguido su muerte, el dolor y el remordimiento la atenazaban cruelmente. Su hija ya no podría desposarse con aquel kimono y por ello no tendría la protección de sus antepasados que le permitiría tener un matrimonio próspero y feliz.
Li Ying no podía ver a su madre tan abatida. se dirigió hacia el hogar de sus antepasados y se arrodilló suplicante frente a ellos. Pidió perdón por no haber protegido aquel kimono que se había convertido en una reliquia familiar y haber permitido que fuera profanado por las manos de aquel bárbaro sin haber hecho nada por evitarlo. Lloró amargamente ante ellos, demostrando así que su arrepentimiento era sincero.
Aquella noche Li Ying tuvo un sueño muy agitado. Soñó que la puerta de su dormitorio se abría y que, a través de ella cruzaba una mujer. Su aspecto era borroso y sus ropas eran antiguas aunque bien conservadas. Parecía que, mas que andar flotase sobre el suelo. En sus manos llevaba algo brillante que depositó sobre el suelo junto a su estera y desapareció a través de la puerta de la misma forma que había llegado. A la mañana siguiente Li Ying  despertó recordando el extraño sueño que había tenido aquella noche. Al levantarse vio algo que la dejó totalmente sorprendida y sin aliento, pues pudo ver que junto a su cama se encontraba el kimono rojo.


Mari Carmen Fernández González      29 - 7 - 2020


domingo, 12 de julio de 2020

ISABEL

Miraba como, con aire indolente y tranquilo, leía una nota que sujetaba entre sus manos y no podía apartar sus ojos de ella.
Isabel era una joven bella y despreocupada, que viva junto a sus padres en el castillo que había pertenecido a su familia desde que ella recordara y ahora, paseaba por el claustro que rodeaba el jardín, lentamente recreándose en la lectura.
Desde el extremo opuesto de la galería, Galván la miraba con ojos de enamorado. La amaba desde que la vio por primera vez en el salón del castillo, sentada junto a sus padres, aquel día en el que llegó al castillo como trovador, para recitar sus canciones y trovas, a cambio de unas monedas, alojamiento y comida.
En ese momento, su corazón quedó cautivado por aquella joven que, inocente le miraba y escuchaba sus canciones, sin ser consciente de como su gracia y belleza hacía vibrar el corazón del joven trovador.
La miraba consciente de que su amor era imposible, pues aunque sabía que su amor era correspondido, sería imposible que este llegara a buen fin, pues su padre nunca consentiría que su hija se uniera a un trovador sin linaje y que no pertenecía a la nobleza; pero aunque sabía que su amor nunca  llegaría a nada, mientras Isabel viviese bajo el techo de sus padres, él podría verla a diario y con eso se conformaba.
Pasó el tiempo e Isabel se convirtió en una expendida mujer. Su padre la miraba con orgullo, pues se había convertido en una joven virtuosa y bien preparada para el matrimonio. Había llegado el momento de prometerla con un noble que la cuidase y le diese una buena vida y al que ella correspondería con hijos varones. Ya había elegido un un marido para ella y así se lo comunicó una tarde en el jardín donde el trovador acudía al atardecer para verla y disfrutar de su compañía.
Isabel recibió la noticia con resignación y obediencia. Acataría los deseos de su padre, pues había sido educada para ello y sabía que ese era su destino. Cuando su padre se marchó, Isabel se sentó en uno de los bancos de piedra que rodeaban el jardín y reflexionó sobre lo que le habia comentado su padre. No conocía al caballero a quien su padre había elegido como su esposo pero, aunque acataría su voluntad sin reservas, le invadió una gran tristeza, Tendría que abandonar todo lo que conocía y donde se sentía segura y amaba, su casa, su familia y amigos y sobre todo a su trovador, su amado trovador quien con sus poemas y canciones, le había robado el corazón y se había adueñado de su ser. se separaría de él para siempre aunque nunca se podría romper ese lazo invisible que los ataba.
Llegó el día que Isabel partiría para reunirse con su futuro marido. Desde las almenas del castillo Galván vió como, sobre su corcel, Isabel atravesaba eñ portón del castillo y se alejaba acompañada de  un séquito que la escoltaría durante su camino. Vió  como se alejaba y fue consciente de que esa separación sería definitiva, que su amor, en ese momento se alejaba y sintió como su corazón se rompía en mil pedazos.
Sabía que este momento llegaría pero no por sabido, el momento sería menos doloroso. Bajó la vista para no ver como su amada se perdía en el horizonte.

Mari Carmen Fernádez González              12 - 20 - 2020


lunes, 6 de julio de 2020

ALONDRA

Sentada en el alfeizar de su ventana, Alondra miraba a través de los cristales pero no tenía su vista fijada en nada en especial. Su visión se perdía sobre aquel vasto terreno, que se extendía hacia el horizonte y se perdía en él.
Escondió sus pies descalzos bajo su vestido de seda y apoyó su cabeza en el cristal. Su mente se alejó de aquel lugar y regresó tiempo atrás cuando era libre, cuando vivía con los suyos recorriendo los caminos, de pueblo en pueblo, viajando por tortuosos caminos, en destartalados carromatos de madera, para llevar un poco de alegría y diversión a las gentes de los pueblos por donde pasaban.
Alondra era gitana y como tal, llevaba la libertad en la sangre, corría por sus venas y era su razón de vivir. Ahora vivía de modo diferente por voluntad propia, pero echaba de menos viajar de pueblo en pueblo y dormir bajo las estrellas, ya que ese era el precio que tenía que pagar por haber hecho caso a sus sentimientos y seguir a su corazón cuando este salió detrás de un joven caballero del que se enamoró perdidamente.
Alondra lo dejó todo por él.Dejó su familia, su modo de vida y su libertad, siendo esto último lo que más echaba de menos.
Desde el marco de la puerta de aquella habitación ,un hombre joven la miraba atento. Tuvo que rendirse a la evidencia. Todas aquellas atenciones y regalos y, sobre todo su amor no era suficiente, Alondra se marchitaba, se ahogaba entre esas cuatro paredes pues necesitaba la libertad para vivir, para respirar.
Se acercó a la joven gitana y le acarició el rostro con su mano. Ella le devolvió la caricia, pero sin dejar de mirar a través de los cristales de su ventana, él sabía cual era la solución debía dejarla ir y con un gran dolor que le atenazaba el corazón, propuso a Alondra que volviera con los suyos.
Le dijo que la amaba muchísimo, que la amaría siempre y que su marcha le partiría el corazón, pero que un espíritu libre como el suyo no podía vivir encerrado y salió de la habitación.
Alondra sorprendida se levantó y paseó su mirada por la lujosa habitación que le había pertenecido durante meses, pero que ella nunca había sentido como parte de su mundo. Se deshizo de su elegante vestido de seda y volvió a vestirse con sus ropas burdas y coloridas. Se soltó el cabello y lo sujetó con su pañuelo de monedas, se colocó todos sus abalorios menos el collas de cuentas de su madre. Dejó este sobre la mesa, junto a una pequeña nota que decía: "Mi corazón tuyo siempre"y se marchó.
Alondra se sintió revivir cuando sus pies descalzos tocaron la hierba de nuevo . Atravesó corriendo el terreno verde que rodeaba la casa y que tantas veces había contemplado detrás de los cristales de su ventana y salió a campo abierto hacia la libertad.


Mari Carmen Fernández González  6 - 7 - 2020


lunes, 29 de junio de 2020

LA MANO INVISIBLE

El vigilante paseaba tranquilamente a través de cada una de las salas que constituían el museo. Su misión era la de vigilar que todo estuviera en orden, que se respetase la distancia que separaba cada una de las obras de arte que allí se exponían, del público que cada día pasaba para contemplarlas.
Al pasar por una de las salas, vio a una joven sentada en uno de los bancos situados en el centro de dichas salas , que miraba fijamente uno de los cuadros que allí se exponían.
No hubiera llamado su atención a no ser porque esa chica iba al museo a diario  y no era la primera vez que la veía.
Todos los días se sentaba en la misma sala y miraba el mismo cuadro durante horas. La miró fijamente y pensó - Por qué vendrá todos los días y por qué mirará ese cuadro tan fijamente durante horas.- Sin darle mayor importanci,a apartó la vista de la joven que parecía no darse cuenta de lo que ocurría a su alrededor y siguió su ronda sin volver a pensar en ella.
Rayaba el alba y ya Sabina llevaba horas en el estudio de su padre. A escondidas practicaba la actividad que le apasionaba y que no le permitían realizar por ser mujer, pintar. Furtivamente y al amparo de la noche, cogía los pinceles y las pinturas que utilizaba  su padre durante el día, mezclaba los colores y se ponía a trabajar, iluminada solo por la luz de las velas.
Estaba muy orgullosa de su último trabajo, un retrato de su madre que había realizado, basándose en los recuerdos que tenía de ella, pues esta había muerto años atrás.
Oyó ruido fuera del taller,  recogió todos los enseres a toda prisa y tapó con una tela su obra casi terminada pues, aunque su padre conocía su pequeña aventura, nadie más conocía su secreto, ni siquiera los discípulos y ayudantes de su padre, y ya podía oír como estos se acercaban al taller para reanudar su tarea diaria.
Pasaron los días y por fin la obra de Sabina quedó terminada. Era un retrato magnífico. En él se reflejaba la imagen de su madre tal y como la recordaba y de forma tan parecida, que su padre no pudo evitar emocionarse cuando vio la perfección y la maestría con la que su hija había realizado el retrato de su esposa.
Colocó el retrato de su hija en la entrada de su taller. Era un retrato sin firma, de una factura tan perfecta y delicada que todo el mundo que lo veía pensaba que lo había sido realizado por el maestro, en recuerdo de su esposa, a la que echaba tanto de menos, de ahí la perfección con la que el cuadro expresaba el alma de su esposa, tanto que parecía trascender fuera de él.
Pasaron los años y la salud del maestro se fue resintiendo hasta tal punto, que casi no podía ya mantener el taller y mucho menos tener discípulos. Su visión se había resentido tanto que ya casi le era imposible realizar su trabajo. Ya no podía aceptar casi ningún tipo de encargo y por lo tanto, su situación económica se fue resintiendo hasta llegar a una situación insostenible.
- Sabina hija, no podemos seguir así te necesito. Necesito que seas mis ojos. Necesito que tu arte sea el mío.- Y a partir de entonces, el taller del viejo pintor volvió a la vida. De él volvieron a salir obras y volvió a recibir encargos. Todos decían que en su obra se había producido una transformación a mejor, pues sus cuadros habían ganado en expresividad y calidez además que en técnica, que había mejorado si cabe. Estos elogios recibía el anciano pintor de sus clientes sin saber estos que las obras que encargaban no salían de sus manos sino de las de su hija, a la cual no se le podía dar reconocimiento ya que era una mujer y a las que él solo le ponía la firma.
Han pasado varios siglos y hoy el viejo pintor es un autor reconocido y del cual se valora mucho mas las obras de su segunda época que las anteriores y hoy, varios siglos después una joven se sienta a mirar aquellas obras como hacía antaño, desde siempre, desde que de su mano, a través del pincel las realizara y a las que tuviera que renunciar, todas menos una, aquella a la que su padre nunca quiso poner firma y que considera verdaderamente suya.

Mari Carmen Fernández González  29 - 6 - 2020



domingo, 21 de junio de 2020

ENCERRADA

Amanece un nuevo día, tan parecido al de ayer pero, a la vez tan distinto Mi asomo a la ventana y todo es igual y diferente a la vez. El sol ha salido, los árboles siguen creciendo y los pájaros levantan el vuelo como siempre, pero ahí fuera hay algo nuevo, algo oscuro y siniestro que me impide salir y me obliga a refugiarme tras los cristales de mi ventana.
El miedo me paraliza y me bloquea de tal manera, que me impide salir a respirar el aire puro que promete esta mañana tan clara y llena de sol.
No puedo moverme. siento que algo me atenaza, me ata y me impide moverme, ir hacia la puerta y salir, poner un pié fuera, sobre la hierba, sentirla bajo mis pies y sentirme libre, pero eso no es posible, este miedo cruel y autoritario me lo impide, congela mis sentidos y me hace sentir encerrada en una jaula de la que me es imposible escapar.
Estoy atada por el miedo. Es una sensación extraña ,pues me siento prisionera y libre a la vez, soy libre de salir, moverme y vivir, pero hoy eso me parece imposible.
Estoy encerrada, presa en mi jaula de oro, tras esta pared de cristal que me permite el conocimiento pero me prohíbe el contacto y el calor humano. Desde esta celda invisible, sueño con el día que sus barrotes caigan y pueda ser libre de nuevo.

Mari Carmen Fernández González  21 - 6 - 2020



viernes, 19 de junio de 2020

ADIOS A CARLOS RUÍZ ZAFÓN

Hoy es un día triste para la literatura española y para la literatura internacional. Ha muerto Carlos Ruiz Zafon un autor importantísimo para la literatura española, tras luchar contra la enfermedad.
Sus libros, desde " La sombra del viento" hasta su último título publicado "el príncipe de Parnaso"
aparecen en la lista de los mas vendidos, llegando al punto de haber dicho su editor de él que "ha sido el segundo escritor español más leído después de Miguel de Cervantes".
Hoy el "Cementerio de los libros Olvidados" ha cerrado sus puertas en señal de duelo por el autor que le dio vida y que lo situó en el corazón de esa Barcelona de la posguerra. Descanse en paz.