martes, 8 de septiembre de 2020

BALCONES DE CÁDIZ

A través de sus balcones,podemos hacer un recorrido por la historia de Cádiz. Podemos encontrar balcones de estilo barroco,neoclásico o contemporáneo, sin olvidar el estilo modernista.
Algunos de estos balcones son de gran originalidad, como por ejemplo aquellos que presentan en la parte inferior de sus herrajes, una especie de curva semicircular,que sobresale hacia delante, en la estructura del propio balcón. Esta estructura tan curiosa que presentan estos balcones, tenían como finalidad, el hacer más fácil y cómodo a las señoras asomarse a ellos pues, en la época en la que se utilizaban este tipo de herrajes, las señoras usaban miriñaques en sus faldas, lo que les impedía poder asomarse a ellos sin dificultad.
En los balcones cerrados, también llamados en Cádiz "cierros", el diseño y la originalidad son patentes. Esto se enfatizaba con el uso de cristales de colores que aumentaban la belleza de dichos cerramientos.
En estos balcones cerrados o cierros, podemos encontrar ejemplos de balcones con ángulos de gran complejidad de factura en esta época, que permitían ampliar el ángulo de visión, dotando de cristal el lateral de dichos cerramientos.




viernes, 4 de septiembre de 2020

LA CASA DEL PIRATA

Cuenta la leyenda que una vez en Cádiz una pareja que, a pesar del amor que se tenían, su unión parecía imposible, a causa de la falta de fondos que no les permitían contraer matrimonio.
Por este motivo, el novio decidió embarcar hacia las Américas para así hacer fortuna, prometíéndole a su amada volver tan  rico,  que la cubrirla de oro de la cabeza a los pies.
La joven novia esperaba el regreso de su enamorado día tras día hasta que un aciago día, llegó la noticia de que el barco en el que navegaba su enamorado, había naufragado y que se le daba por muerto, pero ella nunca perdió la esperanza y seguía esperando a que cumpliera su promesa.
Pasado algún tiempo, el joven volvió rico, tal y como había prometido. Le contó a su esposa como el barco en el que iba, había naufragado, que él se había salvado, llegando a una isla y que había hecho su fortuna mediante la piratería. También le dijo que tenía más riquezas guardadas en la isla donde había llegado tras su naufragio y que tenía pensado volver para recuperarlas.
Su esposa, temerosa de que la historia pudiera volver a repetirse, le rogó que no volviera a embarcarse.
Pero el marido echaba de menos la vida en el mar y por ello su esposa, mandó construir una casa semejante a un galeón y con una torre mirador que le permitiese ver el mar.
Pero ella murió y el esposo decidió cumplir su promesa y la enterró dentro de la casa, cubierta de oro.
La noticia se extendió por Cádiz, llegando a oídos de un par de ladronzuelos que, cegados por el brillo del oro, decidieron entrar en la casa y profanar la tumba de la mujer para saquear el oro que, en teoría, se encontraba en ella. El marido descubrió a los dos rateros y los mató allí mismo.
Detrás de la leyenda, encontramos la historia de este edificio.
Este edificio fue mandado a construir por un comerciante rico del S XVIII.. De estilo isabelino, su interior está decorado de manera que asemeja un galeón, destacando su extraordinaria escalera, por las que se accede a las torres mirador, además de el impresionante techo, situado en el salón de baile, realizado por Albarzuza, autor también del mural que cubre el techo del Gran Teatro Falla.



martes, 1 de septiembre de 2020

EL PETIRROJO

Trastabillando entre las rocas Gabriel, mas conocido como el Petirrojo, corría a duras penas por la playa junto a sus compañeros, intentando salvar la mayor parte del contrabando que habían desembarcado, antes de que la patrulla costera los descubriesen y tuvieran que huir.
Habían recogido prácticamente la totalidad del cargamento cuando, en la noche, se oyó la señal del vigía que les avisaba de que la guardia se acercaba y que había que desaparecer. No había tiempo, si la guardia los apresaba, no solo perderían el cargamento, sino que también se enfrentarían a una pena de cárcel, que ninguno estaba dispuesto a asumir.
Corrieron hacia los acantilados para alejarse de la playa lo más pronto posible, pero ya era inútil. La guardia apareció rápidamente, consiguiendo apresar a casi todos. Entre los que pudieron ponerse a salvo, se encontraba el Petirrojo.
Corrió hacia los acantilados e intentó ponerse a salvo escalando por ellos, pero era imposible, eran demasiado escarpados.
Decidió buscar refugio entre las rocas y descubrió una pequeña cueva que se abría dentro del acantilado y no se lo pensó dos veces. La cueva era un buen refugio, pues estaba camuflada entre las rocas y no era visible desde la playa. Desde allí, el contrabandista pudo ver como sus compañeros eran apresados por la guardia y esto le llenó de rabia y dolor.
Abatido, se alejó de la entrada de la cueva y miró a su alrededor. su refugio consistía en una cavidad estrecha, que se abría en una especie de sala, donde había un lago, que cubría casi la totalidad del suelo de la cueva y estaba bañada por una luz extraña, que le daba a ese lugar un aspecto casi irreal, pero que lo llenaba de una sensación de paz y armonía que era incapaz de describir.
Se adentró en aquella caverna, pues sabía que tendría que pasar la noche allí, ya que la guardia costera seguiría en la playa y, seguramente, seguirían buscándolo, por lo tanto, intentaría pasar la noche lo más cómodamente posible y esperar a la mañana siguiente para poder escabullirse sin ser visto.
Se sentó en la zona arenosa que se extendía a lo largo de la orilla de aquel lago y se dispuso a descansar, entonces algo le sobresaltó. Había alguien mas en aquella cueva. Sus sentidos, acostumbrados a mantenerse alerta, le avisaron de que podía haber algún peligro. Buscó con mirada a su alrededor y descubrió, junto a unas rocas, la imagen de una mujer .
Era una mujer joven y muy bella. No parecía ni sorprendida ni asustada por su presencia y daba la sensación de que había hecho de aquella cueva su hogar.
El petirrojo extrañado, se acercó a ella y le preguntó quien era ella y que hacia en aquella cueva.
La joven le contestó que aquel era su hogar desde hacia bastante tiempo , que en algún momento, buscó refugio en aquella cueva, quedando atrapada por la marea y no pudo salir.
- ¿Cuanto tiempo llevas aquí? -le preguntó el Petirrojo.
-Mucho- contestó la joven.
-Pero ¿por que no has intentado salir cuando bajó la marea?- volvió a preguntar el Petirrojo.
-Porque no necesito que la marea esté baja. Necesito que la marea esté alta para poder salir. Pertenezco al mar y solo él puede liberarme.
Le explicó entonces que era una ninfa del mar y como una tormenta la había arrastrado hacia esas costas y que había encontrado refugio en aquella cueva bajo el mar, hasta que la tormenta pasara pero, una vez que esta pasó, el mar se retiró dejando la cueva al descubierto y a ella varada en aquella cueva sin posibilidad de salir y que hubiese muerto si no hubiera sido por el lago de agua salada que allí se formaba,
El contrabandista escuchó su historia y no daba crédito ¿una ninfa del mar? ¿allí en una cueva y aislada de su elemento? . era algo que no podía creer. Seguramente aquella joven estaba burlándose de él pero ¿por que razón? y ¿que hacia ella allí?. Estaba distraído en esos pensamientos cuando de pronto sintió un chapoteo, miró hacia el estanque y vio que la joven se había metido en el agua y su sorpresa fue mayúscula al descubrir que el cuerpo de la joven brillaba en el agua y que se volvía casi transparente. Parecía diluirse y volverse uno con el agua de mar que cubría el suelo de aquella extraña caverna.
-¿Quien eres?- preguntó intentando entender lo que estaba ocurriendo.
-Ya te lo dije. Soy una ninfa del mar pero tú no quisiste creerme.
Por fin el Petirrojo tuvo que rendirse a la evidencia y aceptar que lo que aquella joven le había contado era cierto.
Pasó la noche, la mañana y al tarde del día siguiente y el Petirrojo seguía en la cueva , no podía salir de ella o, mejor dicho, no podía escapar de ella pues la imagen y el misterio de aquella mujer le había hechizado y se sentía incapaz de separarse de ella. Se había enamorado perdidamente y ni nada ni nadie habria podido arrancarlo de aquel lugar, ni siquiera el contrabando por el que tanto se había arriesgado y que permanecía abandonado en la entrada de aquella cueva.
Pero aquella noche su enamorada le comunicó algo que cambiaría su futuro para siempre.
-Hoy es un día especial. La marea subirá bastante y llegará hasta el nivel de esta cueva que se inundará y eso me permitirá salir de aquí y volver con los míos. Deberías irte pues si te quedas, esa inundación podría ser tu final.

El joven contrabandista sintió que su corazón se desgarraba. Por primera vez fue consciente de que le amor que sentía por aquel ser era algo imposible pues, aunque intuía que aquel amor no tenía futuro , nunca quiso aceptarlo, pero ahora la realidad le golpeaba con fuerza.
_ No quiero separarme de tí. Te amo y me gustaría pasar el resto de mi vida contigo. se que no es posible pero aun así, haría todo lo que fuese necesario para conseguirlo.
-¿De verdad que harías todo lo que fuese necesario para conseguirlo? Si tanto lo deseas hay una posibilidad pero tendrías que renunciar a todo lo que tienes y a todo lo que eres.
- No me importar.Haría  todo lo que fuese necesario par conservarte a mi lado.
-Entonces, cuando suba la marea vendrás conmigo y atravesaremos el mar hasta llegar a mi mundo.
La marea fue subiendo y, poco apoco,fue inundando aquella cueva.
El agua fue cubriendo el cuerpo de los dos amantes hasta que quedaron totalmente sumergidos en ella. La joven cogió la mano de su amado y comenzó a nadar, arrastrando el cuerpo de su amado fuera de la cueva e internándose en el mar. El Petirrojo notaba como el mar se convertía en su mundo, se sentía ligero formando parte de él y junto a su amada, nadaron hasta lo más profundo del mar.
Después de varios días de una búsqueda infructuosa,tanto del Petirrojo como del cargamento de contrabando, la guardia costera abandonó la búsqueda, puesto que se esperaba una fuerte marea que inundaría la playa en pocos días. Cuando la marea pasó, volvieron a la playa, descubriendo una serie de bultos, que la marea habia sacado de lo que parecía una cueva oculta entre las rocas.
Decidieron entrar en ella y descubrieron dentro el resto del alijo del Petirrojo y algo más; al fondo de la cueva estaba el cuerpo del Petirrojo sobre el suelo arenoso.

Mari Carmen Fernández González       1- 9 2020


miércoles, 19 de agosto de 2020

LOS OJOS DE UN SUEÑO

No fue una noche como las demás. llevaba casi dos meses viviendo en aquella casa y, aunque los vecinos me avisaron de que en ella ocurrían cosas extrañas, yo no les hacía caso, pues no estaba dispuesta a renunciar a mi herencia a causa de las supersticiones de los vecinos y, de hecho , desde que vivía allí, no había ocurrido nada extraño ni que demostrase que la casa estuviese "encantada" como alguno de ellos me había dejado entrever, pero aquella noche fue diferente.
Como todos los días, llegué a casa tras una  jornada de trabajo que había sido especialmente dura. Cansada, decidí acostarme temprano. Así lo hice y enseguida caí en un sueño profundo que yo pensaba seria reparador, pero no fue así.
A media noche, algo me despertó y me senté en la cama sobresaltada. Entre sueños, había oído un ruido extraño y tan fuerte que había conseguido despertarme y que no pude identificar. No era un ruido propio de una casa como aquella, vieja y algo apartada, sino otra cosa, era un ruido fuerte, salvaje como de alguien o algo que quisiera salir de un lugar oculto y que no pudiera hacerlo. Deseché la idea y me dispuse a dormir de nuevo.
Abrí los ojos y sentí que no estaba sola. Me senté en la cama y miré hacia el sillón que había bajo mi ventana. allí, iluminado por la escasa luz que entraba a través de la ventana, pude ver la silueta de alguien a quien no podía distinguir con claridad.
Parpadeé para aclarar mi visión pero fue inútil, la imagen seguía estando tan difusa como antes. No podía distinguir quien estaba junto a mi ventana, ni siquiera si era hombre o mujer, pero algo me decía que aquello no era un ser real o, al menos, ya no, que ahora solo era una sombra de lo que fue. entonces aquella sombra pareció moverse y dirigió su mirada hacia mi. Un sudor frió corrió por mi espalda y me quedé paralizada por el temor; aquella figura me miraba, me miraba con unos ojos brillantes y fieros de una mirada tan intensa que parecía traspasarme y mirar dentro de mi, descubrir todos mis secretos más ocultos y de una nitidez que contrastaba con la imagen difusa que reflejaba el resto de su cuerpo. Grité asustada y me refugié bajo las sábanas.
A la mañana siguiente desperté exhausta. Recordé la pesadilla que había tenido la noche anterior y no le di más importancia.
Me deslicé fuera de la cama, me vestí, desayuné algo ligero y me dirigí al trabajo. Pasó la mañana sin  volver a recordar aquella extraña pesadilla.
Sonó el teléfono. era Sara que me proponía que almorzáramos juntas y, como siempre, comenzó a contarme algunos cotilleo y otras cosas sin importancia. Yo la escuchaba como siempre, sin poner mucha atención mientras que, distraída, hacía garabatos sobre un papel. Cuando terminamos la conversación y colgué el teléfono, volví a mi tarea y fijé la vista sobre mi escritorio, entonces la sangre se me heló. Allí, en el papel que había garabateado mientras hablaba, había dibujado aquellos ojos extraños, que me miraban desde el sillón de mi cuarto la noche anterior.

Mari Carmen Fernández González                     19 - 8 - 2020



miércoles, 29 de julio de 2020

EL KIMONO ROJO

Li Ying estaba radiante. Se acercaba el día de su boda . Ya solo faltaba un mes para que este acontecimiento llegase, y ella no podría estar más feliz.
Sintió como se abría la puerta de su cuarto y en el umbral  apareció su madre con algo en sus manos. Era una caja de cedro con incrustraciones de nácar, de un tamaño mediano. La depositó en el suelo y le dijo que la abriese. Li ying así lo hizo y dentro encontró algo que le sorprendió muchísimo; era un fardo de seda roja que, al desplegarlo, se convirtió en un maravilloso kimono,  de una calidad y exquisitez maravillosa.
- Esta es nuestra reliquia familiar más valiosa y preciada - le dijo su madre - Con este kimono han contraído matrimonio todas las mujeres de nuestra familia, pasando de una a otra a través de generaciones. Ahora te toca a ti llevarlo.
Li Yung no supo que decir. Estaba muy sorprendida, pues hasta ahora no había tenido noticia de la existencia de aquel kimono, ni siquiera de la tradición familiar a la que estaba ligado.
Su madre recogió el kimono de las manos de Li Ying  y lo devolvió, cuidadosamente doblado, a su caja.
Fueron pasando los días y Li Ying solo pensaba en la ceremonia de su boda. Se imaginaba toda la aldea engalanada, como ocurría cada vez que se celebraba un acontecimiento de esa índole, a sus amigos, parientes y vecinos acompañándola y, sobre todo, a su prometido junto a ella, ataviada con su flamante kimono de seda roja. Pero este sueño duró poco. Varios jinetes llegaron a la aldea. Eran king Yu junto a sus hombres. Habían llegado como siempre para robar y saquear todo lo que encontraran a su paso, sobre todo en aquellas aldeas donde sabían que solo encontrarían aldeanos poco versados en el arte de la guerra,  que no opondrían resistencia alguna y donde les seria fácil el pillaje y el saqueo. Llegaron arrasando con todo y llevándose todo lo que creían que tenía algún valor además de víveres, sin ningún respeto por los aldeanos que allí vivían.  
Entraron en sus casas, destrozaron lo que consideraban de poco valor, buscando tesoros que nunca encontraban, ya que aquellos aldeanos eran agricultores pobres.
Kin Yu entró en la casa de la familia Li y encontró pocas cosas de valor . Frustrado, se dirigió al fondo de la casa y abrió la puerta de lo que parecía el aposento privado de uno de sus miembros . No había nada de especial valor excepto una caja de madera noble ricamente tallada y con incrustaciones 
de nácar. Esto llamó su atención. Se acercó a ella y paseó sus dedos suavemente por su tapa y la abrió.
Lo que encontró en ella lo dejo maravillado. Dentro había un kimono de seda roja. 
El tejido era suave al tacto y de una calidad superior. Además, estaba adornado con una serie de bordados de una exquisitez absoluta. Dándose cuenta de que había encontrado un tesoro de gran valor, lo devolvió a la caja con gran cuidado.
Li Yung y su madre vieron con horror como King Yu salía de la habitación con la caja de cedro bajo el brazo y que, con una mirada de desprecio y superioridad, se marchaba, llevando con él el kimono.
Ambas miraron al suelo y cayeron de rodillas llorando mientras el bandido montaba en su caballo y se marchaba con su preciada reliquia sobre su grupa.
Li Ying estaba desilusionada y triste. Su madre había caído en un estado de desesperación y tristeza enorme, tras la pérdida de aquel kimono. Pensaba que debía de haberlo cuidado y defendido con su vida, si hubiese sido necesario y aunque sabía que con ello solo hubiera conseguido su muerte, el dolor y el remordimiento la atenazaban cruelmente. Su hija ya no podría desposarse con aquel kimono y por ello no tendría la protección de sus antepasados que le permitiría tener un matrimonio próspero y feliz.
Li Ying no podía ver a su madre tan abatida. se dirigió hacia el hogar de sus antepasados y se arrodilló suplicante frente a ellos. Pidió perdón por no haber protegido aquel kimono que se había convertido en una reliquia familiar y haber permitido que fuera profanado por las manos de aquel bárbaro sin haber hecho nada por evitarlo. Lloró amargamente ante ellos, demostrando así que su arrepentimiento era sincero.
Aquella noche Li Ying tuvo un sueño muy agitado. Soñó que la puerta de su dormitorio se abría y que, a través de ella cruzaba una mujer. Su aspecto era borroso y sus ropas eran antiguas aunque bien conservadas. Parecía que, mas que andar flotase sobre el suelo. En sus manos llevaba algo brillante que depositó sobre el suelo junto a su estera y desapareció a través de la puerta de la misma forma que había llegado. A la mañana siguiente Li Ying  despertó recordando el extraño sueño que había tenido aquella noche. Al levantarse vio algo que la dejó totalmente sorprendida y sin aliento, pues pudo ver que junto a su cama se encontraba el kimono rojo.


Mari Carmen Fernández González      29 - 7 - 2020


domingo, 12 de julio de 2020

ISABEL

Miraba como, con aire indolente y tranquilo, leía una nota que sujetaba entre sus manos y no podía apartar sus ojos de ella.
Isabel era una joven bella y despreocupada, que viva junto a sus padres en el castillo que había pertenecido a su familia desde que ella recordara y ahora, paseaba por el claustro que rodeaba el jardín, lentamente recreándose en la lectura.
Desde el extremo opuesto de la galería, Galván la miraba con ojos de enamorado. La amaba desde que la vio por primera vez en el salón del castillo, sentada junto a sus padres, aquel día en el que llegó al castillo como trovador, para recitar sus canciones y trovas, a cambio de unas monedas, alojamiento y comida.
En ese momento, su corazón quedó cautivado por aquella joven que, inocente le miraba y escuchaba sus canciones, sin ser consciente de como su gracia y belleza hacía vibrar el corazón del joven trovador.
La miraba consciente de que su amor era imposible, pues aunque sabía que su amor era correspondido, sería imposible que este llegara a buen fin, pues su padre nunca consentiría que su hija se uniera a un trovador sin linaje y que no pertenecía a la nobleza; pero aunque sabía que su amor nunca  llegaría a nada, mientras Isabel viviese bajo el techo de sus padres, él podría verla a diario y con eso se conformaba.
Pasó el tiempo e Isabel se convirtió en una expendida mujer. Su padre la miraba con orgullo, pues se había convertido en una joven virtuosa y bien preparada para el matrimonio. Había llegado el momento de prometerla con un noble que la cuidase y le diese una buena vida y al que ella correspondería con hijos varones. Ya había elegido un un marido para ella y así se lo comunicó una tarde en el jardín donde el trovador acudía al atardecer para verla y disfrutar de su compañía.
Isabel recibió la noticia con resignación y obediencia. Acataría los deseos de su padre, pues había sido educada para ello y sabía que ese era su destino. Cuando su padre se marchó, Isabel se sentó en uno de los bancos de piedra que rodeaban el jardín y reflexionó sobre lo que le habia comentado su padre. No conocía al caballero a quien su padre había elegido como su esposo pero, aunque acataría su voluntad sin reservas, le invadió una gran tristeza, Tendría que abandonar todo lo que conocía y donde se sentía segura y amaba, su casa, su familia y amigos y sobre todo a su trovador, su amado trovador quien con sus poemas y canciones, le había robado el corazón y se había adueñado de su ser. se separaría de él para siempre aunque nunca se podría romper ese lazo invisible que los ataba.
Llegó el día que Isabel partiría para reunirse con su futuro marido. Desde las almenas del castillo Galván vió como, sobre su corcel, Isabel atravesaba eñ portón del castillo y se alejaba acompañada de  un séquito que la escoltaría durante su camino. Vió  como se alejaba y fue consciente de que esa separación sería definitiva, que su amor, en ese momento se alejaba y sintió como su corazón se rompía en mil pedazos.
Sabía que este momento llegaría pero no por sabido, el momento sería menos doloroso. Bajó la vista para no ver como su amada se perdía en el horizonte.

Mari Carmen Fernádez González              12 - 20 - 2020


lunes, 6 de julio de 2020

ALONDRA

Sentada en el alfeizar de su ventana, Alondra miraba a través de los cristales pero no tenía su vista fijada en nada en especial. Su visión se perdía sobre aquel vasto terreno, que se extendía hacia el horizonte y se perdía en él.
Escondió sus pies descalzos bajo su vestido de seda y apoyó su cabeza en el cristal. Su mente se alejó de aquel lugar y regresó tiempo atrás cuando era libre, cuando vivía con los suyos recorriendo los caminos, de pueblo en pueblo, viajando por tortuosos caminos, en destartalados carromatos de madera, para llevar un poco de alegría y diversión a las gentes de los pueblos por donde pasaban.
Alondra era gitana y como tal, llevaba la libertad en la sangre, corría por sus venas y era su razón de vivir. Ahora vivía de modo diferente por voluntad propia, pero echaba de menos viajar de pueblo en pueblo y dormir bajo las estrellas, ya que ese era el precio que tenía que pagar por haber hecho caso a sus sentimientos y seguir a su corazón cuando este salió detrás de un joven caballero del que se enamoró perdidamente.
Alondra lo dejó todo por él.Dejó su familia, su modo de vida y su libertad, siendo esto último lo que más echaba de menos.
Desde el marco de la puerta de aquella habitación ,un hombre joven la miraba atento. Tuvo que rendirse a la evidencia. Todas aquellas atenciones y regalos y, sobre todo su amor no era suficiente, Alondra se marchitaba, se ahogaba entre esas cuatro paredes pues necesitaba la libertad para vivir, para respirar.
Se acercó a la joven gitana y le acarició el rostro con su mano. Ella le devolvió la caricia, pero sin dejar de mirar a través de los cristales de su ventana, él sabía cual era la solución debía dejarla ir y con un gran dolor que le atenazaba el corazón, propuso a Alondra que volviera con los suyos.
Le dijo que la amaba muchísimo, que la amaría siempre y que su marcha le partiría el corazón, pero que un espíritu libre como el suyo no podía vivir encerrado y salió de la habitación.
Alondra sorprendida se levantó y paseó su mirada por la lujosa habitación que le había pertenecido durante meses, pero que ella nunca había sentido como parte de su mundo. Se deshizo de su elegante vestido de seda y volvió a vestirse con sus ropas burdas y coloridas. Se soltó el cabello y lo sujetó con su pañuelo de monedas, se colocó todos sus abalorios menos el collas de cuentas de su madre. Dejó este sobre la mesa, junto a una pequeña nota que decía: "Mi corazón tuyo siempre"y se marchó.
Alondra se sintió revivir cuando sus pies descalzos tocaron la hierba de nuevo . Atravesó corriendo el terreno verde que rodeaba la casa y que tantas veces había contemplado detrás de los cristales de su ventana y salió a campo abierto hacia la libertad.


Mari Carmen Fernández González  6 - 7 - 2020